“Una biblioteca para la universidad chilena” (Saralegui, Miguel)

…la calidad de un profesor depende de la calidad de la biblioteca, y la calidad de una universidad depende de la de sus profesores. Sin una biblioteca de investigación no habrá buenos profesores y, por tanto, no habrá una educación superior de calidad…”.

A lo largo de los dos últimos años, la intensidad del debate sobre la gratuidad universitaria ha silenciado cualquier otra reflexión sobre la educación superior en Chile. Se ha actuado de modo inverso a lo que el guión racional prescribe. Sin haber reflexionado con exactitud sobre lo que quiere, la sociedad chilena se ha concentrado en cómo pagarlo. Hemos pensado en la manera de costear la universidad, descuidando en qué se va a materializar nuestro desembolso. Respecto de la universidad, la sociedad chilena se encuentra en una situación parecida a la de ese joven matrimonio que, obsesionado con el sueño de la casa nueva, ha comprado los materiales de construcción sin haber llamado antes al arquitecto.

A pesar de las descarnadas quejas de muchos de los actores políticos, se ha tratado de un debate satisfecho y complaciente. No es necesario pensar sobre los problemas que aquejan a la educación universitaria en Chile, solo hay que proporcionarle a los sectores más desfavorecidos la entrada en ella al menor costo posible. Esta extendida actitud se cimienta sobre dos supuestos muy dudosos. El primero aceptaría la existencia de un modelo claro de lo que debe ser la universidad. El segundo defendería que este modelo se ha logrado en lo sustancial. Basta recordar la situación que atenaza al Conicyt para revelar la endeblez de dichas premisas.

A la universidad chilena la lastran todavía notables carencias. Una sociedad justa debe preocuparse por cómo ayudar a los históricamente más desfavorecidos, pero también esforzarse por mejorar esa institución en aspectos sustanciales. Además, ¿no actuaremos como ese filántropo despreocupado de sus beneficiados, si proporcionamos a los más desfavorecidos una educación universitaria que no está a la altura de las exigencias?

Dadas las características del debate, no sorprende que a lo largo de estos dos años no se haya hablado en Chile de lo que supone un déficit colosal: la carencia de una biblioteca de investigación. ¿Qué es una biblioteca de investigación? Propondré una definición lo más práctica posible: un lugar en el que está disponible una proporción significativa de las referencias necesarias para la elaboración de una contribución científica. Si consultamos cualquiera de las publicaciones de los numerosos investigadores chilenos de talla internacional, comprobaremos que la mayoría de los libros y artículos citados en ellas no se encuentra en ninguna biblioteca universitaria chilena ni tampoco en la suma de todas ellas. Se trata de una situación grave y, en la medida en que muy pocos se preocupan de ella, desesperada.

¿Por qué la situación debería causar alarma? Porque la biblioteca es el lugar donde se da a luz tanto al investigador como al profesor universitario. El siguiente argumento me parece fácil de aceptar. La calidad de un profesor depende de la calidad de la biblioteca, y la calidad de una universidad depende de la de sus profesores. En consecuencia, sin una biblioteca de investigación, por mucho apoyo que se entregue a los más desfavorecidos, no habrá buenos profesores y, por tanto, no habrá una educación superior de calidad. Ni tampoco una sociedad donde el conocimiento viva de manera armónica.

Una completa biblioteca de investigación no solo forma a los profesores maduros; ayuda sobre todo al investigador incipiente -potencialmente cualquiera del millón de estudiantes universitarios que hay en Chile-, quien normalmente carece de los recursos para realizar estancias de investigación en bibliotecas extranjeras. En este sentido, la biblioteca de investigación puede tener una consecuencia que redunde en la justicia social: permitirá a los buenos estudiantes universitarios chilenos la familiaridad con la alta cultura, que ya no será un objeto a medio camino entre lo elitista y lo excepcional, sino algo a lo que cualquiera podrá contribuir con inteligencia, método y esfuerzo.

La inversión que una biblioteca de investigación requiere es enorme. Se trata de una decisión que debe ser alentada por toda la sociedad. Constituye un objetivo idóneo en el contexto del bicentenario, pues permite mejorar al país más allá de toda disputa ideológica. La madurez del sistema universitario chileno se puede medir por la manera como afronte este problema: la formación de los formadores como paso necesario para mejorar la de los alumnos. Incluso si terminan por entrar todos los deciles en la gratuidad, si los profesores no tienen cómo estar a la altura de la institución, ¿qué educación universitaria estaremos entregando a las futuras generaciones?

Sin título

Saralegui, Miguel. «Una biblioteca para la universidad chilenaEl Mercurio, 18 de Enero de 2016: 04.

Acerca de Jonatan Yáñez

Bibliotecario Documentalista | Administrador del blog @BiblioHuron y Director de @LecturasenelSur | #Lector, #Scout y #DogLover

Publicado el 01/18/2016 en Bibliotecas, Bibliotecología, Universitarias y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: