Oda al Bibliotecario

Con sus larguísimos brazos de pulpo diligente
el bibliotecario riega girasoles,
enciende milenarias linternas,
reparte esperanza como pan dulce,
despierta estatuas de su sueño de oso.

Impopular, olvidado por el médico,
despreciado por el gerente,
de sus manos cultas cuelgan teoremas,
entre sus dedos hay diamantes,
esmeraldas, herramientas,
sinfonías, gritos, ideas,
fórmulas y explosiones,
temblores de tierra que hacen retractarse a los obispos,
revoluciones que siembran el temor
en las camas de los dictadores,
que hacen más anchos los caminos de la paz.

En el silencio conventual en que habita
ha probado gustosamente
las mieles tiernas de Neruda
y ha visto brillar los cabellos dorados del Pelida.
En las mañanas desayuna con Platón,
en las tardes cena con Dalí
y luego se va a su casa
enteramente complacido
de haber hecho el bien.

De tantos secretos, tornillos y poleas
que hacen girar al mundo,
de tantos cofres que guardan
el conocimiento de la vida misma,
el tímido bibliotecario es dueño de todas las llaves.

Juan Carlos Rueda Santiago
jurueda@suagm.edu

Fuente

Acerca de Jonatan Yáñez

Bibliotecario Documentalista | Administrador del blog @BiblioHuron y Director de @LecturasenelSur | #Lector, #Scout y #DogLover

Publicado el 07/31/2013 en Bibliotecología, Poesía y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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